David Hockney

 Una visión más amplia

15 de mayo - 30 de septiembre, 2012

¿Sabías que...?

¿Sabías que David Hockney ha experimentado con numerosas técnicas a lo largo de su carrera?

Aquí ofrecemos “una visión más amplia” de su proceso creativo, tratando aspectos como su empleo de la acuarela y el acrílico; sus diseños de escenografías para óperas, como El progreso del libertino (1951), de Igor Stravinsky, o La flauta mágica (1791), de Wolfgang Amadeus Mozart; su uso de medios fotográficos y ópticos para representar la perspectiva; y su interés por las nuevas tecnologías, como el iPhone y el iPad.

Escenografías

Un aspecto importante pero no demasiado conocido de la producción artística de David Hockney está ligado a sus escenografías. Su primer diseño lo realizó para la ópera El progreso del libertino (1951), de Igor Stravinsky, en 1975 ─en la imagen, podemos ver una de las maquetas originales (tinta y fotografía sobre cartón)─. A partir de entonces, el teatro se convierte en una gran influencia en su arte y en su concepción estética.

En sus escenografías, Hockney emplea un gran abanico de técnicas, como grabado, collage y pintura, medios que también aplica directamente sobre los objetos tridimensionales. Con frecuencia, realiza maquetas, que al principio tienen reducidas dimensiones. En 1981, diseñó las escenografías para tres óperas producidas por la Metropolitan Opera de Nueva York: Parade (1916–17), de Erik Satie; Los pechos de Tiresias (1947), de Francis Poulenc; y El niño y los sortilegios (1917–25), de Maurice Ravel; más tarde, ese mismo año, trabajó también con la Metropolitan en los diseños de tres óperas de Stravinsky: La consagración de la primavera (1913), El ruiseñor (1914) y Oedipus Rex (1927). Estas creaciones le influyeron incluso en su esfera personal, ya que, al poco tiempo, decidió pintar su casa de Los Ángeles de esos mismos colores, azules y rojos intensos.

En 1987, creó la escenografía para Tristán e Isolda, de Richard Wagner; en 1992 y 1993, diseñó la de Turandot, de Giacomo Puccini; y en 1993 y 1996, ideó la de La mujer sin sombra, de Richard Strauss.

Escenografías

Los colores brillantes, audaces, de estos trabajos, así como su gran dimensión, constituyen un anticipo de las pinturas de Yorkshire, que fueron realizadas algunos años más tarde y pueden verse en la exposición.

La llegada de la primavera en Woldgate, East Yorkshire, en 2011 (dos mil once) [The Arrival of the Spring in Woldgate, East Yorkshire, in 2011 (twenty-eleven)], una obra formada por 52 partes, 51 dibujos realizados con iPad y un óleo sobre 32 lienzos, puede considerarse como un desarrollo de esa visión escénica, ya que esta inmensa obra también presenta cierta cualidad cinematográfica.

Acuarelas

A comienzos de los años sesenta, Hockney cambió las pinturas al óleo por pinturas acrílicas (solubles en agua), que utilizó durante un considerable período de tiempo. Esta técnica que acababa de desarrollarse le permitía reflejar la calidad de la luz y el soleado ambiente de Los Ángeles: empleó los vivos colores de este tipo de pinturas para crear sorprendentes efectos en sus cuadros de duchas, piscinas y aspersores de los años sesenta y setenta.

A principios del siglo XXI, Hockney empezó a pintar acuarelas. A base de práctica, consiguió dominar esta técnica, a menudo considerada anticuada, de la que valora la rapidez con la que permite trabajar. Entre 2002 y 2004, viajó al norte y al sur de Europa; durante ese periplo, pintó una serie de paisajes utilizando esta técnica, “un retorno a la simplicidad”.

En estas obras, Hockney explora cómo crear espacio con apenas unas líneas. Con respecto a la técnica, bajo la pintura no hay trazos de lápiz; además, Hockney ejecuta estos trabajos “con el menor número de pinceladas posible” y con una paleta limitada —a veces, de tan solo cuatro colores—.

Acuarelas

El artista utilizó también la acuarela en el primer grupo de obras de East Yorkshire, realizadas del natural en Bridlington, con las que registró el paso de las estaciones. En la exposición se muestran 36 acuarelas de Yorkshire.

iPads

Hockney se ha mostrado siempre radical en su empleo de tecnologías poco frecuentes en la creación de arte, desde la cámara Polaroid, pasando por el fax, hasta llegar al iPhone en 2009, el iPad en 2010 y la tecnología DVR de alta definición más recientemente. En cierto modo, con el iPad se suple la necesidad de un cuaderno de apuntes. El pintor ha afirmado que le maravilla la inmediatez que permite esta herramienta, con la que puede registrar rápidamente los cambios de luz y de las condiciones atmosféricas de una escena.

El artista emplea la aplicación del iPad denominada Brushes para trabajar del natural. En cierta manera, este modo de crear recuerda a la técnica pictórica de los impresionistas, que pintaban a “plein air” el mismo motivo, en un emplazamiento concreto, en distintos momentos del día y del año. Hockney pasa largas horas pintando al aire libre, con diferentes técnicas, en cualquier época del año.

Los grandes dibujos del Valle de Yosemite (California) realizados con iPad en 2011 son una exploración del paisaje “sublime”. Hockney refleja las ideas del filósofo y político del siglo XVIII Edmund Burke acerca de lo sublime, desarrolladas posteriormente por el filósofo alemán Immanuel Kant en su Crítica del Juicio (1790): la belleza corresponde a la forma del objeto, definida por sus límites, mientras que lo sublime se encuentra en un objeto sin forma, que se caracteriza por la ausencia de límites.

iPads

El uso del iPad permite a Hockney producir dibujos de muy diferentes tamaños y abre un mundo lleno de nuevas posibilidades para el arte.

Fotografía y otros medios ópticos

Hockney ha mantenido una larga relación de amor-odio con la cámara: en algunos períodos ha experimentado con ella intensamente; en otros, ha rechazado por completo su influencia.

En los setenta, recurrió al medio fotográfico como sujeto y observador. La familia y su círculo de amigos más cercano se convirtieron en temas recurrentes, tanto en sus obras fotográficas como en las realizadas en otros medios. Sus padres solían posar como modelos de retratos de estudio tradicionales y, a principios de los años ochenta, sus amigos aparecen en composiciones fotográficas realizadas a partir de múltiples instantáneas creadas con una cámara Polaroid.

Estos collages fotográficos, que recuerdan a la fragmentación cubista, están influidos por la obra de Pablo Picasso, a quien Hockney admira enormemente. Durante el período de creación de estas obras, trabajó de manera incansable; hizo más de 100 fotografías Polaroid y más de 200 collages fotográficos elaborados con imágenes tomadas con una Pentax 110 y una Nikon de 35 mm.

Las fotocopiadoras fueron otra herramienta que le permitió crear numerosas impresiones que enviaba por fax; con esta técnica, podía trabajar aislado del resto del mundo y a gran velocidad. El uso de estos aparatos abrió nuevos horizontes a su proceso artístico.

Fotografía y otros medios ópticos

Durante un tiempo, se dedicó exhaustivamente a investigar el modo en que los antiguos maestros utilizaron lentes, espejos y otros artefactos ópticos, como la cámara lúcida, patentada en 1807. Quería experimentar por sí mismo cómo la cámara lúcida habría ayudado a los artistas del pasado; así pues, usó esta herramienta para concebir más de 280 retratos entre 1999 y 2000.

Recientemente, Hockney se ha valido de la tecnología digital (fotografía y vídeo) para la creación de paisajes de gran formato, compuestos por numerosos elementos, como se puede observar en la muestra. No utilizó fotografías como parte del proceso preparatorio previo a la ejecución de estas obras, sino que las usó para hacer un seguimiento de la elaboración de las pinturas: montando las imágenes digitales en el ordenador de su estudio podía ir comprobando el aspecto general de las obras.

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